Acaso tienes miedo de este cuchillo frío, de esta afilada hoja de nuestro amor maldito, de las rosas primeras de espinas verdes. que saben nuestra historia. Acaso te imaginas que solo está el desierto detrás de la colina y la sed de tu boca puede hacerse infinita en las noches de ausencia completa y absoluta. Piensas, quizás desnuda, que aprendí de otros besos a mostrarme egoísta y que guardo cenizas de pasadas hogueras en un cofre de plata. Me sonríes y callas, condenando mis sueños sin juzgarlos siquiera. Te parezco bandido y mis labios perjuros un caudal mentiroso de palabras vacías. Acaso tienes miedo de la sangre en torrente desbocada en las venas, del veneno del alma inundando tu cuerpo. Has trazado con tiza una raya en el suelo como estricta frontera que divide el espacio de tu sombra y la mía, pero siempre tus ojos al final te delatan y se asoman curiosos tras la verja amarilla a mirarme dormido. Acaso tienes miedo de que tristes gaviotas puedan irse volando y llevarse con ellas tu alegría en el pico, que no encuentre caricias para darte mañana cuando te haya tenido entregada en mis brazos. Acaso tienes miedo de escucharte a ti misma, de saber lo que quieres, de mirar adelante, de perderte tranquila más allá de tus pasos, de que el mundo se rompa, que la luna se apague y que en ese alboroto quieras tú que me quede el día en que me marche.
Foto tomada del blog http://trianatrinidad.blogspot.com
De claridad estreno borrachera, un cielo que parece cartulina, un rito repetido en cada esquina, el verbo se hace carne en la quimera. Es la dulce ceremonia de la espera, apuramos la copa que termina, la rosa se deshace de una espina y hace nueva una antigua primavera. Llegará la tarde, niñas hermosas serán de mujeres primeros brotes, flores del paraíso que nos inventamos. Se alterará la esencia de las cosas, por las calles, llenas de capirotes, soñaremos otro Domingo de Ramos.
Me has hecho perder, niña, los papeles, escuchando tu voz, cascada pura, un torrente sonoro de ternura con ecos de infantiles cascabeles. Congregan las campanas a los fieles, seguidores, sin fe, de la dulzura de la palabra, que inicia singladura de tu boca al paraíso de las mieles. Música marina, que trae la brisa desde el olvido de las caracolas hasta el final azul de algunas penas. Claridad absoluta de tu risa, que enrojece, por mi, las amapolas que duermen con las blancas azucenas.
Foto tomada del blog http://www.teresabanet.es/blog
Todos los cementerios tienen algo nuestro, algo que hemos perdido, algo que nos falta. Todos nos reservan una porción de tierra, un trocito de cielo, una tumba sin nombre. Todos los muertos tienen sangre de nuestra sangre, alma de nuestras almas, sueños de nuestros sueños. Los ángeles de piedra vacían la mirada, conjurando sin ganas demonios de mi noche empapada en absenta. Cuatro caballos blancos, tiran con ansias viejas de un negro carruaje, forman desdibujados la triste comitiva de un nuevo desengaño. El mar quiere mirarme con tus ojos azules, pero en esta colina de amores enterrados ya no existen los besos. Es gris el frío mármol, del oscuro panteón que guardara mi olvido los siglos que ahora vienen, qué lejos del calor que me daba tu cuerpo. El sol de la mañana perdido por mi cuarto como un niño pequeño acaricia los huesos rotos por la resaca, me duele la cabeza o el corazón, no sé.
Han dejado las torpes caracolas lágrimas azules en tus mejillas, triste río de dolor, con dos orillas de azucenas marchitas y amapolas. Repetían, como ecos de las olas, necias mentiras, de viejas cotillas enterradas en vidas amarillas, condenadas a estar siempre solas. Esa luz de unos ojos sin cadenas, tu sonrisa de vuelo de gaviota, propician esa envidia que les mata. La primavera volverá a tus venas, se compondrá la fe de tu alma rota y puede que se muera alguna rata..