
Mis lágrimas de sal, en el pañuelo
blanco de la mañana luminosa.
La soledad, espina de la rosa,
causante de este absurdo desconsuelo.
Mis pasos, apegados sin fe al suelo,
pisan tristes, despacio, losa a losa,
esa calle perdida, silenciosa,
donde el olvido quiere alzar el vuelo.
Calle de la memoria de tu beso,
eterno paraíso de un instante
fugaz, falsa gloria de un momento.
Cadenas de cristal, corazón preso
que bien paga las risas del amante
con el dolor azul de este lamento.
.