
Foto tomada del blog
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Todos los cementerios
tienen algo nuestro,
algo que hemos perdido,
algo que nos falta.
Todos nos reservan
una porción de tierra,
un trocito de cielo,
una tumba sin nombre.
Todos los muertos tienen
sangre de nuestra sangre,
alma de nuestras almas,
sueños de nuestros sueños.
Los ángeles de piedra
vacían la mirada,
conjurando sin ganas
demonios de mi noche
empapada en absenta.
Cuatro caballos blancos,
tiran con ansias viejas
de un negro carruaje,
forman desdibujados
la triste comitiva
de un nuevo desengaño.
El mar quiere mirarme
con tus ojos azules,
pero en esta colina
de amores enterrados
ya no existen los besos.
Es gris el frío mármol,
del oscuro panteón
que guardara mi olvido
los siglos que ahora vienen,
qué lejos del calor
que me daba tu cuerpo.
El sol de la mañana
perdido por mi cuarto
como un niño pequeño
acaricia los huesos
rotos por la resaca,
me duele la cabeza
o el corazón, no sé.