No me dejaste que fuera
ni tu bufón ni tu perro,
ni ese trastero del alma
donde encerrar tus secretos,
tus sueños rotos sin alas,
tus lágrimas y tus miedos.
No me dejaste que fuera
un refugio de otros vientos,
la voz del agua en la fuente,
el silencio del convento
o la navaja que corta
la mala hierba del huerto.
No me dejaste que fuera
eso que queda de un beso
el olvido de las cosas
o la sombra de un recuerdo.
No me dejaste que fuera
aunque siempre quise serlo.
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