
El tiempo ha puesto
todas las cosas en su sitio.
Al fin al cabo
fuimos una anomalía,
un fenómeno extraño
sucedido a destiempo
donde no debía.
No se cambian las reglas
a mitad de partida
y nuestras cartas son
las que teníamos
antes de conocernos.
Descubierto el engaño
ha llegado la hora
de entregar las ganancias.
El orden vuelve
a la estantería
trastocada por la travesura
de un ángel borracho
y nosotros
regresamos a nuestros deberes
sin estar convencidos
de acertar alguna vez.
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